domingo, 6 de febrero de 2011

Common People




"Cuando llegué aquí, el debate de mi sexo no era el único debate, también lo era el de mi posición en este mundo. Y ese segundo debate, en parte, me lo había provocado el amor y el abandono de El dueño de la música. Aunque solo en parte. Yo ya venía de tiempo atrás intentado decidir en qué lugar estaba, cual era mi posición. Porque uno anda siempre buscando su lugar en el mundo, pero además, ha de tomar una posición en el pequeño orden en el que vive, en su entorno, en eso que llaman “la sociedad”. O al menos, eso era lo que yo creía. Durante mucho tiempo sentí que era un deber tomar partido, y que tomar partido significaba decidir de una vez quién era, donde me posicionaba y elegir entre mis distintos yo, uno en perjuicio del otro. No pensaba que se pudieran sumar. Creía que no estaba permitido. Que no se podía vivir en una permanente tensión, dividida, siempre fuera de lugar, demasiado loca para vivir entre las chicas buenas y niñas bien entre las que me crié, y con la piel demasiado blanda para ser una buscavidas, sin conflictos ni estúpidas cuestiones morales, y sobretodo sin los tics que me delataran como a la niña que mamá educó. Pero la ciudad me ha acogido sin prejuicios, para bien y para mal. Me da leche con galletas como al resto de sus hijos, si las hay, y cuando faltan me deja a mi suerte...

...Con El dueño de la música y sus amigos de ideas con mayúscula yo estaba de acuerdo en todas las definiciones. Mi tipo de pensamiento es bastante abstracto, me refiero a que me voy con bastante facilidad por las nubes, y el suyo era un discurso lo suficientemente abstracto como para que yo pudiera comprenderlo. Sé lo que significa progreso, diferencia, derecho e injusticia. También entiendo qué quiere decir conservador y reaccionario. Lo que no acabo de ver es como y en quién se traduce hoy en día todo esto...

...lo cierto es que mi escepticismo llegó a atormentarme en algún momento. En parte parecía el culpable de mi desarraigo espiritual, de no poder pertenecer a nada, de no ser parte de un grupo y de no poder ser de nadie al fin. Aquel tipo y sus amigos me parecían muy afortunados por tener unas ideas tan claras y por poder creer tan firmemente en ellas. Sus ideas me sonaban a algo así como a orgullo de clase, y aunque eso a mi me parecía muy antiguo y muy rancio, también me parecía encantador. Al menos me parecía encantador en El dueño de la música. Yo no tenía de eso. Bien es cierto, que si dejaba a un lado el encantamiento que aquellos rasgos producían en mi mente enferma de novelas y películas, no podía evitar escuchar el rencor y el resentimiento (también de clase) colándose por las rendijas de sus ideas con mayúscula. Y tampoco podía evitar preguntarme cuánto tardaría cualquiera de ellos en vender su orgullo de clase y sus ideas a la mínima ocasión que tuvieran de hacerlo a un buen precio. 
En cualquier caso, la manera de pensar de aquel tipo me caló muy hondo. Y cuando me vine a la ciudad quise vivir como él hablaba. Para poder entenderle mejor, para estar en su piel, aunque ya no fuera a verle más..."

Referencias interesantes:
1.- Common People, Pulp, una de esas canciones que luego los críticos musicales llaman himno generacional.
2.- El texto es una selección de distintos fragmentos del capítulo Common People  de "Análisis Musical", Luisa Ramone


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