Como soy peliculera, como me gusta curiosear, como me gusta acercarme al borde de las cosas y mirar lo que hay allí, por eso me llamo a mi misma pirata. Y como los piratas, aparte de personajes románticos de novela son también tipos que navegan al margen de la ley, yo me reúno a las 10 de la noche en la latina con una representación de la camorra napolitana y de la mafia rusa (y esto es una semimetáfora) para hablar de formas urgentes de hacer dinero. “Con un par de veces 1000 pavos serían para ti, Lullu. Luego es cosa tuya si quieres repetir”. La rapidez es tentadora y el tono de la propuesta suena atractivamente al otro lado de la ley, sobretodo teniendo en cuenta las actuales circunstancias. Miradme. Nadie diría que soy una delincuente. Corte de pelo años veinte, chaquetita negra de Paul&Joe con mangas de farol, pantalones de H&M que se parecen a aquellos pitillos de rayas verticales que llevaba Dylan en la gira en que le llamaron Judas, y bailarinas de purpurina (quién sabe, Dorothy, quizá hoy en algún momento nos desviemos hasta Oz antes de terminar el día). Estábamos buscando un lugar tranquilo y apartado para hablar del tema y tomar una cerveza, cuando dos tíos han levantado un coche delante de nuestras narices con la mayor naturalidad. Se han acercado corriendo, le han preguntado a un tipo con aspecto de homeless que estaba delante de él “¿Es este?”. El homeless ha asentido y los dos tipos han abierto el coche, se han subido, lo han puesto en marcha y se han ido a la carrera. Nosotros nos hemos mirado y hemos decidido por unanimidad que ese no era un lugar seguro para hablar de lo que nos traíamos entre manos. “Piénsate bien las cosas y sé cautelosa” me dice Lullu-angelito.” You shut up for a while, honey pie, we need some cash here, you know” le dice a ella Lullu-diablillo.
El día ha transcurrido más o menos así.

Comencé esta mañana en La musa de Malasaña, sentada en la barra, desayunando rodeada de algunos chicos del barrio a los que conozco de coincidir allí. “¿Y ahora qué haces?”. “Pues precisamente voy a una entrevista en un rato” “Tío, me han dicho que tienes un estudio fotográfico, y un amigo y yo queremos hacer un shooting con modelos masculinos” “Yo te dejo el estudio, pero me los tengo que tirar a todos” “Chicos, ya sabéis, si no podéis quitaros de encima al típico invitado pesado, haced como en el campo del Barça”. Y luego, a continuación, han venido unas risas frescas y mañaneras . El café, buenísimo, y, aunque hay una gran variedad de desayunos, todos ellos apetecibles, yo miro la pizarra y me aventuro con el desayuno del día. Crujiente de rabo de toro, ahí queda eso. Puede que suene demasiado fuerte, pero es delicioso, se deshace en la boca y esta mañana yo ya parecía sospechar que el día de hoy necesitaba un desayuno de campeones. La entrevista durará más allá de las tres de la tarde, y dependiendo del tráfico puede que tarde hasta una hora en volver a Madrid. De modo que he disfrutado de mi desayuno de campeones, me he despedido camino de Moncloa y me he subido al autobús que había de conducirme a Las Afueras. Me he recostado en el asiento, me he puesto a mirar a ratos por la ventana y he dejado que las opiniones de Martin Eden se mezclen con mis propias reflexiones……." There was much that was dim and nebulous in that World, but…he saw, also, the way to master it. To write! The thought was fire in him”. Esas palabras eran las palabras que emocionaban al niño que cuando fuera grande quería ser escritor. “He was too young to know better but he robbed himself of life for the sake of thirty thousand a year that´s clean wasted upon him. Why thirty thousand, lump sum, wouldn´t buy for him right now what ten cents he was layin´up would have bought him, when he was a kid, in the way of candy an´peanuts or a seat in nigger heaven” I think you are right, Martin. But look at me now. I had my ten cents of candy almost everyday when I was a kid. I was told about studying and learning for a living and I did. And also I´ve been a good girl, reliable and trustful, but I can´t find my place. I do live life, it´s true, but somehow I feel I´ve been robbed too.

Comencé esta mañana en La musa de Malasaña, sentada en la barra, desayunando rodeada de algunos chicos del barrio a los que conozco de coincidir allí. “¿Y ahora qué haces?”. “Pues precisamente voy a una entrevista en un rato” “Tío, me han dicho que tienes un estudio fotográfico, y un amigo y yo queremos hacer un shooting con modelos masculinos” “Yo te dejo el estudio, pero me los tengo que tirar a todos” “Chicos, ya sabéis, si no podéis quitaros de encima al típico invitado pesado, haced como en el campo del Barça”. Y luego, a continuación, han venido unas risas frescas y mañaneras . El café, buenísimo, y, aunque hay una gran variedad de desayunos, todos ellos apetecibles, yo miro la pizarra y me aventuro con el desayuno del día. Crujiente de rabo de toro, ahí queda eso. Puede que suene demasiado fuerte, pero es delicioso, se deshace en la boca y esta mañana yo ya parecía sospechar que el día de hoy necesitaba un desayuno de campeones. La entrevista durará más allá de las tres de la tarde, y dependiendo del tráfico puede que tarde hasta una hora en volver a Madrid. De modo que he disfrutado de mi desayuno de campeones, me he despedido camino de Moncloa y me he subido al autobús que había de conducirme a Las Afueras. Me he recostado en el asiento, me he puesto a mirar a ratos por la ventana y he dejado que las opiniones de Martin Eden se mezclen con mis propias reflexiones……." There was much that was dim and nebulous in that World, but…he saw, also, the way to master it. To write! The thought was fire in him”. Esas palabras eran las palabras que emocionaban al niño que cuando fuera grande quería ser escritor. “He was too young to know better but he robbed himself of life for the sake of thirty thousand a year that´s clean wasted upon him. Why thirty thousand, lump sum, wouldn´t buy for him right now what ten cents he was layin´up would have bought him, when he was a kid, in the way of candy an´peanuts or a seat in nigger heaven” I think you are right, Martin. But look at me now. I had my ten cents of candy almost everyday when I was a kid. I was told about studying and learning for a living and I did. And also I´ve been a good girl, reliable and trustful, but I can´t find my place. I do live life, it´s true, but somehow I feel I´ve been robbed too.
“Tiene usted media hora para venderse” me dice el hombre con corbata seguro de si mismo desde dentro de su traje de chaqueta. Y yo, volviendo a tener en cuenta las actuales circunstancias, siento una enorme tentación de decirle "¡Fuck you!", aunque el cielo se vea muy celeste y los árboles muy verdes a través del ventanal que hay detrás de él y eso me parezca encantador. No sé si merece la pena venderse por lo que piensan pagarme. Pero estoy limpia y reluciente con mi camisa blanca de bordados, mi pelo colocadito detrás de las orejas y poco rouge en los labios no vayan a pensar que soy una buscona. “No tengo problemas en inglés, me defiendo bien en francés, las nuevas tecnologías no me son ajenas, tengo experiencia en este campo y sobretodo unas enormes ganas de aprender.” (Qué bonito es todo esto. Trabajar en un lugar rodeado de naturaleza. Hasta que se haga de noche. Llegarás muerta a Madrid. Olvídate de escribir. ¿De verdad es eso lo que quieres?) “No. El horario tampoco me supone un problema. Estoy totalmente disponible”. Estrechamos las manos, nos despedimos con una cortesía de libro y me salgo al sol a aclararme las ideas. Pero el sol es demasiado fuerte y me quedo dormida en el autobús. Mis ideas van a seguir en la oscuridad un rato más. Llego a Madrid y me reúno con dos amigas para tomar algo y hacer un poco de sobremesa.
Una se ha separado y lleva puesto por camiseta un salto de cama y la otra se va a vivir con su novio y lleva un martillo en las manos. “Bonitos complementos, chicas, ¿epítetos de vuestros estados civiles?”. “Tía, odio cuando te pones tan pedante” dice la del martillo. “Anda, pídete una copa” dice la del salto de cama. Ellas ya han empezado a celebrar la velada con algunos gintonics. “No puedo más con la mudanza” “El tío de Internet con el que quedé anoche era un cuadro” “Pues yo he tenido una entrevista de trabajo en un campo de concentración”. Y así pasamos la tarde, tan ricamente. La gente va y viene, nosotras no paramos de hablar, y las rondas…como la gente. Van y vienen. Cuando la puesta de sol se aproxima anuncio “Chicas, yo me retiro que tengo un negocio entre manos”.
Segunda parte del partido.
Una se ha separado y lleva puesto por camiseta un salto de cama y la otra se va a vivir con su novio y lleva un martillo en las manos. “Bonitos complementos, chicas, ¿epítetos de vuestros estados civiles?”. “Tía, odio cuando te pones tan pedante” dice la del martillo. “Anda, pídete una copa” dice la del salto de cama. Ellas ya han empezado a celebrar la velada con algunos gintonics. “No puedo más con la mudanza” “El tío de Internet con el que quedé anoche era un cuadro” “Pues yo he tenido una entrevista de trabajo en un campo de concentración”. Y así pasamos la tarde, tan ricamente. La gente va y viene, nosotras no paramos de hablar, y las rondas…como la gente. Van y vienen. Cuando la puesta de sol se aproxima anuncio “Chicas, yo me retiro que tengo un negocio entre manos”.
Segunda parte del partido.
Me he duchado, me he cambiado de camisa, esta vez negra y sin bordados, y he vuelto a salir. La cita era con un viejo amigo y dos tipos a los que no he visto en mi vida, los de las formas “rápidas y urgentes de hacer dinero”. ¿Debería ahora entretenerme en un debate sobre lo que es moral e inmoral? Adelanto que no veo claros los conceptos. Vivimos tiempos en los que muchos de los mejores asientos están ocupados por culos de ladrones, la corrupción está protegida por ley y las influencias y los contactos son el verdadero código de ética. Visto así, entonces esto es un océano libre y yo soy un corsario. Pero soy sensata y les digo que me lo voy a pensar y que me tengo que marchar porque he quedado.
Me voy paseando hasta La musa latina y me reencuentro con la del salto de cama y con la del martillo que aun siguen allí. A estas alturas, las dos están afónicas. “¿Pero tú no tenías un mueble de Ikea que montar?” pregunto a la del martillo “¿Eh? ¿ Are you talking to me?” me responde. “Relájate chica, que el día ha sido muy largo. Camarero, tres chupitos de ron” me dice la del salto de cama. Y cuando vamos a brindar, al filo de la medianoche ya, ocurre el momento mágico del día. Vuelvo la cabeza por azar hacia la entrada del bar y ¿ qué veo? ¡Al Pirata Barrera entrar en La musa mirándome sonriente como si hubiera sido la semana pasada la última vez que hubiéramos estado de cañas! “ ¡¡Barrera!!” grito al tiempo que me levanto y salto literalmente encima de él. El me agarra al vuelo, me coge en brazos, y los dos nos quedamos mirándonos muertos de risa por la sorpresa, y al mismo tiempo por lo natural que nos ha parecido volver a encontrarnos. Hace casi siete años estuve de cañas con Barrera por última vez, en otro bar y en otra ciudad. Vivíamos en el mismo barrio y coincidíamos a menudo. Una vez hicimos juntos un viaje en coche al fin del mundo con un tercer pirata llamado Kappa. En una misma noche bailamos en bares de tres ciudades distintas. Y en la carretera todo el rato oíamos la misma canción “ Ain´t no mountain high enough”. Sabía que había hecho bien en ponerme las bailarinas de purpurina hoy, me digo. Quizá no me hayan llevado hasta Oz pero me han traído hasta una playa de la Isla de La Tortuga. Y eso es casi mejor.
Medianoche ya. Dejo atrás el día, me olvido de meterme en líos ( ya lo pensaré mañana, como Scarlett o´Hara) y dejo de preocuparme por los hombres y mujeres que te piden venderte desde dentro de su traje de chaqueta ( ya lo pensaré mañana) . Mi camarada de tantos abordajes, el bravo pirata Barrera, mis nuevas camaradas, la chica del martillo y la chica del salto de cama, y yo, estamos aquí y ahora y vamos a tener, en palabras del primero, un momento de magia. Y brindamos por ello.
Me voy paseando hasta La musa latina y me reencuentro con la del salto de cama y con la del martillo que aun siguen allí. A estas alturas, las dos están afónicas. “¿Pero tú no tenías un mueble de Ikea que montar?” pregunto a la del martillo “¿Eh? ¿ Are you talking to me?” me responde. “Relájate chica, que el día ha sido muy largo. Camarero, tres chupitos de ron” me dice la del salto de cama. Y cuando vamos a brindar, al filo de la medianoche ya, ocurre el momento mágico del día. Vuelvo la cabeza por azar hacia la entrada del bar y ¿ qué veo? ¡Al Pirata Barrera entrar en La musa mirándome sonriente como si hubiera sido la semana pasada la última vez que hubiéramos estado de cañas! “ ¡¡Barrera!!” grito al tiempo que me levanto y salto literalmente encima de él. El me agarra al vuelo, me coge en brazos, y los dos nos quedamos mirándonos muertos de risa por la sorpresa, y al mismo tiempo por lo natural que nos ha parecido volver a encontrarnos. Hace casi siete años estuve de cañas con Barrera por última vez, en otro bar y en otra ciudad. Vivíamos en el mismo barrio y coincidíamos a menudo. Una vez hicimos juntos un viaje en coche al fin del mundo con un tercer pirata llamado Kappa. En una misma noche bailamos en bares de tres ciudades distintas. Y en la carretera todo el rato oíamos la misma canción “ Ain´t no mountain high enough”. Sabía que había hecho bien en ponerme las bailarinas de purpurina hoy, me digo. Quizá no me hayan llevado hasta Oz pero me han traído hasta una playa de la Isla de La Tortuga. Y eso es casi mejor.
Medianoche ya. Dejo atrás el día, me olvido de meterme en líos ( ya lo pensaré mañana, como Scarlett o´Hara) y dejo de preocuparme por los hombres y mujeres que te piden venderte desde dentro de su traje de chaqueta ( ya lo pensaré mañana) . Mi camarada de tantos abordajes, el bravo pirata Barrera, mis nuevas camaradas, la chica del martillo y la chica del salto de cama, y yo, estamos aquí y ahora y vamos a tener, en palabras del primero, un momento de magia. Y brindamos por ello.
Referencias interesantes:
1.- La musa y La musa latina. Las fotos de los locales pertenecen a ambas musas. Bar, restaurante, cocktelería, sitio de encuentro...Para mi desde luego. Si estais en Madrid seguramente las conoceis, si venís de visita pasaros por allí. Echadle un vistazo a la página web: http://www.lamusalatina.com/
2.- Las Afueras. Luis Goytisolo. Me gustan los límites borrosos entre colección de relatos y novela.
3.- Martin Eden. Jack London. Una maravilla
4.- El niño que cuando fuera grande quería ser escritor. Es el nombre del personaje protagonista de un relato que me encanta, La vocación literaria, de Rodrigo Fresán. Pertenece a su primer libro, Historia Argentina.
5.- La última es una fotografía de una de las variedades de Gin Tonics que probé ese día en La musa. Pido detalles y los traigo aquí en breve.







